11 de Febrero de 2008
ABC vuelve a los orígenes
Cuando el Grupo Correo compró Prensa Española, las malas lenguas recordaban que el Grupo Vasco ya había cerrado el Ya, precisamente por un cambio en la línea editorial. Lo cierto es que era una cabecera de difícil remontada, que se convirtió de uno de los fracasos del mejor Grupo español en gestión de medio Regionales. Un nefasto primer intento por conquistar Madrid.
Esta lírica obsesión de poseer un diario nacional de entidad, capaz de competir con El País en medios impresos y con el Grupo Prisa en general, llevó a Correo a dos escenarios:
a) La adquisición del entonces emergente diario de Pedrojota, El Mundo
b) Comprar la vieja cabecera monárquica, madura y con problemas financieros de Prensa Española, ABC
El análisis del panorama estratégico era bastante peculiar: La Razón había venido de una escisión de ex trabajadores de ABC, quitándole lectores pero sin haberle hecho un descosido lo suficientemente importante. Y El Mundo era un diario personalista, es decir, no se podía uno imaginar a ese diario sin su director. Es más, corría el riesgo de que el director montara un nuevo diario si lo compraba el Grupo Correo, quien no iba a mantener a Pedrojota al frente de la cabecera en caso de compra.
El ABC era una compra interesante, más por factores financieros o de negocio que editoriales. Así se justificaba la compra: inmovilizado material imponente que incluía una rotativa; favorecía las economías de escala: compra de papel y recursos comunes; cierta afinidad de negocio: Prensa Española poseía una licencia de Tv autonómica privada en Madrid, Onda 6 Tv . Sin embargo, nadie hablaba de los motivos editoriales que movían a Correo.
Al final, fusión por absorción, el eufemismo del tímido comprador y el frustrado comprado. En el ABC siempre ha habido resistencias a asumir la hegemonía de un Grupo que se instaló en su casa y le propuso cambiar de línea editorial. No obstante, fueron los tintes a medias y una guerra mediática con la COPE lo que acabó con el cambio de ABC.
ABC, el valor de la Palabra, regresa a sus orígenes fichando a la vieja guardia que migró a La Razón tres manzanas más hacia debajo de la calle Luca de Tena, blandiendo una bandera pirata que miraba a la sede central de ABC, en ese instante gobernada por Zarzalejos, el director al que el cambio le salió mal.
Zarzalejos quiso cambiar un diario, poco a poco, haciéndole dejar de ser lo que era. Es decir, que el ABC era un fue, un será y un es cansado, del que nadie se responsabilizaba, ni por el que nadie pagaba los platos rotos de la baja difusión, sólo sostenida por éxitos promocionales. Se fue Usía, falleció Campmany, y el diario perdía interés. Como decía Umbral: la grapa y el chiste de Mingote. Y encima, la guerra con la Jimenez Losantos, quien en varias ocasiones dio en directo el número de teléfono del ABC invitando a la gente a que se diera de baja.
Vocento, la de Bergareche, reaccionó tarde y mal. La guerra estaba perdida y las suscripciones cayendo. Ganaron el juicio, perdieron lectores, y cualquier crecimiento mensual en difusión era sostenido sólo por la promoción.
Cuando se pierde una batalla la estrategia queda seriamente en entredicho. Se intentó vencer por la vía del contenido, apostando por un diario más local, más cercano, con temas como el de las “bandas Latinas”, que cayeron por su propio peso. Y encima, Internet no existía. Crecía a un ritmo del 50% anual, pero nadie le hacía caso.
Ahora, le exigen 8 millones de usuarios únicos a la edición online en 2 años, cuando se han olvidado de ella durante 10. Esperemos que la vieja Guardia apueste por Internet, para salvaguardar una cabecera que tuvo dos portadas en un mismo día; una, abrazando la República y, otra, lo más a la derecha que nunca estuvo.
