7 de Abril de 2007
Mentiras, malditas mentiras y estadísticas de Tráfico
¿Qué pensarían si alguien les dijese que, según las estadísticas, las mujeres sufren más accidentes que los hombres? Unos pueden pensar eso de "si se ve claro, mujer tenías que ser"; otras dirían que los estadísticos son unos asquerosos machistas. Cada uno se formará su opinión. Pero la única respuesta correcta es la del matemático: nos faltan datos.
Dicen que las estadísticas son como los presos: tortúralos lo suficiente y te dirán cualquier cosa que quieras oír. Nada más cierto de las estadísticas de Tráfico. O, por lo menos, de las conclusiones que sacan periodistas y políticos.
Tomemos, por ejemplo, el uso del cinturón de seguridad. Salva vidas, eso es innegable (que se lo digan al único sobreviviente del coche de Lady Di), y hay estudios serios que lo prueban. Pero cuando vemos un telediario, ¿qué nos dicen? Pues algo del tipo "el 45% de los fallecidos no tenía puesto el cinturón" Siguiendo el razonamiento que una vez hizo Perich, podríamos concluir que los cinturones no sirven para nada, ya que el 55% restante sí los tenía puestos y, a pesar de todos, acabaron igualmente muertos. Evidentemente, la comparación está mal hecha. No hay que comparar muertos con y sin cinturón, sino fijarse en los vivos que no murieron porque tenían el cinturón puesto. No costaría nada echar mano de un estudio ya hecho, y decir algo del tipo "según estimaciones de la DGT, tantas personas se salvaron porque llevaban puesto el cinturón de seguridad". Pero no, parece que citar correctamente las estadísticas va en contra del libro de estilo "Cómo citar mal una estadística" que utilican ciertos periodistas.
Otra de lo mismo: los jóvenes y los accidentes. En un esfuerzo por convencer a la población de que los adultos (los que cortan el bacalao, a fin de cuentas) conducen las cosas bien y los jóvenes, alocados y botelloneros ellos, lo hacen fatal, no pasa telediario en que dejen que contarnos que en tal o cual accidente los muertos eran tenían veintitantos años; normalmente, justo después de otra noticia "relacionada", como el consumo de pastillas entre jóvenes, la adiccion a Internet entre jóvenes, lo maleducados que son los jóvenes o lo bonito que sería el mundo si los jóvenes se dedicasen a las ONGs, a estudiar y a buscar piso.
De hecho, según Ana Blanco y compaña, parace como si los mayores de 30, sencillamente, jamás tocasen un volante. Por supuesto, los jóvenes tienen en su contra algunos factores, como la inexperiencia, la sensación de invulnerabilidad y el síndrome de "por fin tengo coche, ahora vais a flipar" También tienen su peligro otras capas de la población, como los ancianos (con gran experiencia pero reflejos disminuidos) y los que se encuentran entre ambas edades (con buena experiencia y reflejos, pero con la creencia de que conducen mejor que nadie y no están para que les den lecciones). Pero nada, el libro de estlio impone que a los jóvenes se los crucifique cuando se la pegan al volante. No recuerdo haber oído nada del tipo "el fallecido tenía 48 años y se salió de la mediana" Pero sl tenía 25 años y además conducía en fin de semana, a colgarle el sambenito. A él y a sus tres acompañantes, quienes también van al saco de la ecuación jóvenes=malos conductores.
Puede que quien haya visto un coche lleno de adolescentes con la música a toda pastilla y aspecto de comerse el mundo le sorprenda lo que digo. Pero una cosa es la realidad, y otra la percepción de la realidad: el Neng del coche tuneado y música a tope asusta más que el ejecutivo del BMW. Así que ¿dónde están las pruebas? Desaparecidas en combate. Todo lo más nos sueltan alguna perla del tipo "en el 25% de los accidentes de tráfico están involucrados jóvenes de menos de 30 años", lo que no nos dice mucho porque no sabemos cúantos de los conductores tienen menos de 30 años. De hecho, si en un accidente mueren cuatro jóvenes, meten a los cuatro en el paquete de "jóvenes peligrosos al volante", a pesar de que sólo uno de ellos condujera.
Por eso, el argumento de si las mueres conducen mejor o peor resulta pueril sin estadísticas completas. Digamos que un 40% de las mujeres sufren accidentes, frente al 60% de los hombres (me he inventado las cifras, pero síganme la corriente). ¿Que significa eso? Pues solamente eso. Sólo podremos sacar conclusiones fiables si no sabemos cuántos conductores son hombre y cuántos son mujeres. Si resultase que sólo el 20% de los conductores son mujeres, la cosa parecería estar clara: las mujeres conducen peor, ya que un quinto de los conductores (que son ellas) producen dos quintos de los accidentes. !Pues tampoco! Porque si las mujeres conducen trayectos más cortos que los hombres, también hay que tenerlo en cuenta. A más kilómetros, más probabilidad de accidentes. Y por supuesto, también habría que considerar en qué proporción conducen los hombre y las mujeres en ciudad, en carretera, en autovía; entre semana o en fin de semana; en conducción personal o profesional; con buen o con mal tiempo; y suma y sigue. Si los del anuncio de la tele pretenden convencernos de que los hombres conducen mejor que la mujeres (o viceversa), que se traigan el bocadillo.
Luego toca comparar muertos de un año y de otro. Si en un puente muere más gente que en el del año pasado, enseguida saltan las conclusiones. La oposición ve una "prueba" del fracaso del gobierno en la política de tráfico, y el gobierno saca pecho porque, según eso, demuestra que los españoles son tan ricos que todos tienen coche y pueden irse de vacaciones. A ninguno se le ocurre pensar en otros factores. La DGT, sí, y justifica el aumento diciendo que este año hizo mal tiempo, o bien que hizo buen tiempo. Pero ¿y si se debió a que hubo un mayor número de desplazamientos? ¿O a que este año los españoles, en promedio, viajamos una distancia más larga? ¿O a que ahora may más coches? Sería más fiable medir los accidentes en relación con el número de desplazamientos, o de kilómetros viajados, o de vehículos en las carreteras. Pero, nuevamente, el libro de estilo parece prohibir tal cosa.
De hecho, uno de los problemas a la hora de inferir conclusiones de una maraña de datos consiste en saber qué factores han alterado a cuáles. Si este año pasado se ha reducido el número de accidentes, puede deberse al menos en parte al carné por puntos. Pero también podemos colgarle la medalla a otros factores, como el mayor número de agentes o radares en la carretera, la corrección de puntos negros, una campaña publicitaria especialmente exitosa o un mayor número de controles de alcoholemia... o todos ellos juntos. O al revés. Si esta semana santa hay más accidentes que la del año que viene, podremos echarle la culpa a quien nos de la gana: el tiempo, las carreteras, el carné por puntos o el anuncio de Los hombres de Paco.
Ya que estamos, ¿qué me dicen del carné por puntos? Con independencia de su bondad o no como medio para reducir el índice de siniestralidad, lo cierto es que ha resultado una medida bastante impopular entre los conductores. Por ello, se han pasado meses añadiendo a la cifra de accidentes de tráfico la coletilla de "son tantos y cuantos menos que antes de la introducción del carné por puntos" Pero ahora volvemos a batir marcas, y ya nadie saca a colación la comparación antes-ahora. De hecho, al principio nos decían eso de que en otros países redujo el número de accidentes. Por desgracia, nadie nos dijo si esa era la única razón, o si existían factores adicionales; tampoco nos han explicado por qué lo que funciona en la flemática Inglaterra o en la industrial Alemania ha de funcionar igualmente en la bullanguera España. ¿Qué les hubiera costado convencernos con datos en la mano, en lugar de echar mano a tópicos sobados? Ah, claro, el libro de estilo.
La penúltima fue el intento del director de la DGT por convencernos de que era mejor llevar los faros puestos en todo momento. ¿El argumento? Que lo hacen en los países nórdicos, y allí la tasa de accidentes es menor. Pues vale. Pero a lo mejor se debe a motivos menos peregrinos, como que allí la gente es más educada, o bien que las multas allí son más fuertes; o tal vez, a que en los países nórdicos hay mucho menos luz solar que aquí. Detalles que hay que tener en cuenta, pero que el libro de estilo censura.
Quede claro, para conocimiento y efectos, que me tomo muy en serio las medidas de la DGT. Llevo el cinturón puesto en el coche antes incluso de que fuese obligatorio, no paso de los 130 en autovía así me maten, y aunque no me gusta el carné por puntos reconozco sus bondades. Pero ¿tan difícil es tratarnos como personas con cerebro? Los estadísticos se dejan las cejas currando, y luego nos dan datos mal citados, sesgados, incorrectos o sencillamente inventados. Hay que reescribir el libro de estilo.
Arturo Quirantes a las 12:26 PM | Referencias 0No puedo estar más de acuerdo. Gracias por hacerme ver que no somos tan pocos los que pensamos las cosas en vez de aceptarlas sin más.
Y aunque sea salirse un poco del tema, ¿qué opinan ustedes de las limitaciones de velocidad? Sin cuestionar su necesidad y su buen criterio en la mayoría de los casos, ¿no opinan que en otros casos los valores máximos son absurdos? Un ejemplo: ¿alguien ha circulado recientemente por la Avenida Complutense de Madrid (Ciudad Universitaria)? ¿¿...A 30??
Luis Mendo Tomás | 7 de Abril de 2007 - 07:19 PMEstoy muy de acuerdo. Las estadísticas son cifras, y por desgracia se saben interpretan a beneficio o perjuicio de alguien. Lo peor, que a veces todos caemos en la trampa de la estadística.
OcELL | 9 de Abril de 2007 - 05:38 PMMe temo que entre la cita de cabecera de los periodistas ("No dejes que la verdad te estropee una buena noticia") y el escaso conocimiento de las estadísticas y la falta de interés por aprender del redactor medio así nos va la cosa. Y eso lo sabe el 40% de las personas ;D
Juzam | 15 de Abril de 2007 - 04:48 PMArgumentación clara y rotunda. Con una
inteligencía y respeto que envidio.
Sí no te importa voy a enlazar el artículo en mi blog (dobletrampa.hazblog.com) ya que como veras argumenta en el mismo sentido que nosotros.
Mi enhorabuena y adelante.
