4 de Diciembre de 2006
Entendiendo los efectos del polonio-210
Imagino que estaréis al tanto de que existe un material llamado polonio-210. Lo que no sabíamos es que sirve para matar a cierta gente de forma tan expeditiva como ruidosa. En estos momentos, la policía inglesa registra locales, bares y aviones en busca de restos. Mucho esfuerzo para que luego nos cuenten que no hay motivo de alarma. Necesitaríamos a un físico para que nos aclarase las cosas.
Casualmente, yo soy físico, y me puse a pensar. Mi impresión inicial es que, en efecto, no había peligro. El polonio-210 emite radiaciones alfa. Son muy poco penetrantes –tanto que ni siquiera son capaces de atravesar la piel- así que no debería haber problemas. Pero entonces, ¿por qué la policía británica está peinando Londres como si buscase un brote de peste bubónica? ¿Qúe necesidad hay de que British Airways busque a más de 30.000 pasajeros para avisarles? Me picó la curiosidad, así que cogí mi CRC Handbook of Physics and Chemistry y aprendí más. ¿Saben qué aprendí? Pues que el polonio-210 es un auténtico cabrón.
El polonio se llama así en honor a Marie Curie, quien lo descubrió por vez primera. El isótopo polonio-210 (Po-210) emite radiaciones alfa en gran número. Tanto es así, que se planteó usar el calor que genera como fuente de electricidad para los satélites artificiales. Una cápsula de medio gramo puede alcanzar temperaturas de más de 500ºC. Por otro lado el Po-210 es un material muy volátil: ponlo a 55ºC, y la mitad se vaporizará en dos días. Lo que plantea dos problemas: ¿cómo pudieron los asesinos meter el material en Inglaterra; y cómo pudieron manipularlo sin peligro? Imagino que lo traerían ya en una forma más cómoda, de forma que pudieran espolvorearlo en la comida de la víctima sin peligro para ellos. No es el tipo de tecnología al alcance de unos aficionados.
El problema con los emisores de radiaciones alfa es que, si bien son inocuos al contacto con la piel, resultan mortales si penetran en el cuerpo, ya que pueden soltar su energía desde el interior. La dosis letal es inferior a la masa de una bacteria. Esto lo hace casi un billón de veces más mortal que el ácido cianhídrico. Cualquier resto que haya dejado la víctima resulta peligrosa: transpiración, saliva de un estornudo, gotas minúsculas de orina. El aire acondicionado expondrá las partículas en suspensión a las personas que se encuentren en el mismo recinto, sea un restaurante o un avión. Estas personas, a su vez, entrarán en contacto con otras. Cuántas de ellas resulten afectadas dependerá de la dosis inicial.
Así que, en contra de lo que creía en un principio, la cosa sí es grave. Tanto, que no sé cuánto tiempo tardarán los ministros de justicia europeos en aprovechar la situación para introducir más restricciones en los vuelos. Aunque no sé qué van a prohibir a continuación. Hagan lo que hagan, puede que logren perjudicar a los talibanes. Otra cosa muy distinta será que logren entorpecer el trabajo de los asesinos profesionales. Gente con verdadera licencia para matar, entrenados y equipados durante décadas por un gobierno totalitario.
Arturo Quirantes a las 10:48 PM | Referencias 0El Po-210 deja de serlo en cuanto emite una alfa, y lo hará una sola vez por átomo, con una propabilidad de 0.5 cada 4 meses por átomo. Los residuos de una nuclear son bastante más bordes pero no pueden transportarse de forma segura en un bote.
El siguiente producto de desintegración del Po-210 es mucho más interesante.
Dudo que los expuestos al "envenenado" sufran secuelas por la baja dosis y el escaso tiempo de exposición. Eso incluye aviones.
Las valijas diplomáticas no están sujetas a tanto escrutinio aeroportuario como el resto de los mortales. Ni lo estarán. Por éste episodio tampoco.
alejo | 5 de Diciembre de 2006 - 08:44 AMgracias x la info m sirvio para acer parte de un trabajo
kath | 15 de Diciembre de 2006 - 08:36 PM